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  • CAPERUCITA ROJA

    La novela como medio de comunicación

    LA NOVELA COMO MEDIO DE COMUNICACIÓN

    Por Marisa Ayesta

     

    Cuando estudiaba la carrera de Periodismo, fuera cual fuera la asignatura que impartieran, los profesores insistían en recordarnos que la comunicación ha de conseguir tres objetivos fundamentales: informar, formar y entretener. Las emisiones de radio, los programas de la televisión, las noticias y editoriales de los periódicos, los blogs en internet, incluso los postsen las redes sociales, cumplen estos fines o mueren en el intento. Y estos tres elementos están presentes en más formatos destinados al consumo, como es el caso la literatura en prosa.

    Desde los cuentos de niña, como “Caperucita” en el que se recordaba a los oyentes la existencia de lobos y se instruía en la imperiosa necesidad de no hablar con desconocidos, hasta la hermosa oda a su esposa de Miguel Delibes en “Señora de rojo sobre fondo gris” que nos habla de la importancia no solo de pasar por alto los defectos de la pareja, sino incluso de amarlos para poder llevar adelante un matrimonio duradero y feliz, cada novela que he leído además de entretenerme, me ha enseñado algo y me ha hecho formarme una opinión sobre factores tan importantes de la vida como, por ejemplo, no juzgar sin saber, en “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen, o tan fútiles como el consejo que da Mary Higgins Clark en “El ojo avizor” sobre que las minifaldas a partir de los treinta no son convenientes o, igual de frívolo, que, según aseguran las protagonistas de “El regreso” de Rosamunde Pilcher, no hay nada mejor para apagar las penas de una mujer que unas buenas compras.

    Metiéndome de lleno en la Guerra de Secesión Norteamericana, aprendí de la mano de Margaret Mitchell en “Lo que el viento se llevó”, que la infelicidad va unida al egoísmo, y Escarlata O´Hara fue mi gran maestra en lo que nunca debes hacer si quieres ser una perpetua insatisfecha y no dejar las cosas importantes de la vida jamás para “mañana”.

    En “Mi Planta de Naranja Lima” de José Mauro Vasconcelos, me empapé de la importancia del cariño en la edad infantil y cómo se forjan las amistades entre almas solitarias y heridas. El respeto, que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, me lo enseñaron los pequeños Joseph y Maurice de “Un saco de canicas”.

    La lucha por la integridad, por cumplir las promesas que se hacen en la vida, por amar hasta en las condiciones más adversas, me fue transmitida por Carmen de Icaza en “La fuente enterrada” y el lema de su protagonista, Irene, es una constante para mi, un auténtico mantra: “las circunstancias en sí no son nada, en nuestro modo de afrontarlas y de imprimirlas nuestro carácter, está el íntimo éxito o fracaso de nuestras vidas”.

    De lo ofensiva que puede ser la compasión y el daño que puede realizar tanto a quien la mal da como a quien la mal recibe, me enseñó Stefan Zweig en su “Impaciencia del Corazón” y su “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” me mostró la terrorífica cara de la ludopatía.

    Emil Zatopek, llevado a la literatura por Jan Echenoz, es por sí mismo un símbolo del esfuerzo, de la constancia, de la integridad, de continuar a pesar del cansancio y de las circunstancias adversas y sin la biografía novelada de “Correr” probablemente poco –o nada- habría sabido yo de él.

    Y podría seguir sin parar nombrando novelas, una detrás de otra, que me han presentado a personajes, reales o imaginarios pero que en mi cabeza, como diría Unamuno, son igual de relevantes y cada uno de ellos me ha traído un consejo, una advertencia, una lección para mi vida a la vez que pasando sus páginas me han entretenido de tal manera que no he podido parar muchas veces de leer incluso aunque perdiera las horas de sueño y amaneciera por mi ventana un nuevo día.

    Y todo esto sin hablar de la cultura, el conocimiento, las costumbres, las descripciones de parajes y lugares a los que nunca he ido pero es como si los hubiera visitado. Las personas que he conocido, las mentalidades en las que he penetrado, los modos de pensar, las maneras de existir y de ser que me han formado como persona y como mujer y que me han conformado como una experiencia vital más.

    Por todo ello, para mí, la novela es la herramienta más agradecida para compartir conocimiento, para formar, para entretener, sí, es de las actividades que más me entretienen. Lo reconozco y por ello lo agradezco infinitamente. Soy una amante incondicional de este género y no puedo más que estar agradecida a todos los que se dedican a él.


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    ORGULLO-Y-PREJUICIO
    SEÑORA-DE-ROJO-SOBRE-FONDO

     

     

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