Bulos y mentiras en la sociedad de la información. ¿Cómo combatirlos?

CARMEN DE BURGOS

Bulos y mentiras en la sociedad de la información. ¿Cómo combatirlos?

Expertos en comunicación defienden el periodismo de calidad para discernir entre información y propaganda

Asunción Valdés

 

En Roma, cerca de la Plaza Navona, está el monumento a la calumnia y al bulo. La estatua -quizás de un soldado heleno llamadoIl Pasquino– no fue erigida en el siglo III a.C. con esa intención. Pero durante el Renacimiento, los habitantes descontentos con el poder empezaron a colocar allí escritos satíricos con críticas a personajes públicos. La palabra pasquín, publicación sensacionalista y malintencionada, deriva del receptor involuntario de aquellas protestas. La costumbre se prolonga hasta nuestros días y los numerosos mensajes casi impiden ver el rostro, dañado por el tiempo, de Pasquino.

A finales del XIX, Estados Unidos vivió otra vuelta de tuerca de la difamación con fines propagandísticos. William Ramdon Hearst y Joseph Pulitzer manipulaban las crónicas que llegaban desde La Habana. El objetivo de estos dos rivales del periodismo era vender más ejemplares de sus respetivos diarios mediante la sensibilización de la opinión pública norteamericana. Hablar de supuestas atrocidades de los españoles o del falso torpedo contra el buque norteamericano Mainedesató las hostilidades en nombre de un pretendido afán libertador que finalizó con la pérdida de Cuba y otras colonias españolas de ultramar.

Estos primeros pasos de la propaganda política llegaron a su culmen en la Primera Guerra Mundial, sobre todo, cuando los miles de bajas arreciaban en los bandos enfrentados y las privaciones hacían peligrar la adhesión de los ciudadanos. Los gobiernos crearon organismos y prepararon agentes para difundir mensajes que desacreditaran al adversario y minaran la moral del enemigo. Los avances en las técnicas de impresión y la diversificación de los medios de comunicación social hicieron el resto.

En 1924, la escritora y periodista almeriense, Carmen de Burgos, escribió la novela corta Las ensaladillas;aquellos papelitos que lanzaban manos desconocidas en teatros de Madrid con leyendas que comprometían a protagonistas de la Villa y Corte, extendiendo habladurías y escándalos que podían finalizar en venganzas, en aras de rescatar el honor perdido.

No son nuevas, por lo tanto, las noticias falseadas, mundialmente conocidas comofake news; ya fueran iniciativas personales o promovidas por acciones empresariales o gubernamentales.  Lo que ha cambiado de forma alarmante es la infinita  propagación que alcanzan en Internet a través de las llamadas redes sociales, fundamentalmente Facebook, WhatsApp, YouTube, Instagram o Twitter. La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil o el triunfo de Donald Trump en las elecciones de 2016 no se entenderían sin su utilización.

Un test de personalidad de Facebook sirvió a la consultora norteamericana Cambridge Analyticapara acaparar información de más de 50 millones de usuarios en Estados Unidos, sin que ellos lo supieran. El equipo de campaña del magnate republicano cambió a diario miles de veces los mensajes digitales de Trump para adaptarlos a las inquietudes políticas de sus posibles votantes. Eran como un traje a medida.  Al mismo tiempo, Rusia, empeñada en la desestabilización de Occidente, puso la diana en ayudar al excéntrico Trump, por medio de noticias falsas, lanzadas desde sus potentes órganos de difusión comoRusia Today ySputnik,multiplicadas por bots, robots que operan en la Red. Estamos ante la llamada guerra híbrida, sin armas pero con efectos que pueden ser letales.

DEFENDER EL PERIODISMO DE CALIDAD

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, pidió perdón en el Capitolio y, después, en el Parlamento Europeo. Prometió invertir para evitar que sus sistemas sean manipulados por terceras personas. También Google, el gigante de los buscadores, ha puesto en marcha la lucha contra las fake news. Con una inversión de 300 millones de dólares en cinco años, quiere fortalecer el periodismo de calidad para mejorar el rigor de la información que difunde en sus plataformas. Asimismo, facilita, mediante sus herramientas, las suscripciones a las versiones digitales de cabeceras de prestigio; una forma de ayudar al periodismo de referencia, inmerso en la disrupción digital y en el descenso de ingresos por las ediciones de papel.

Estudio de Comunicación, una de las primeras consultoras españolas, con implantación en Europa y América, junto con la agencia de noticias Servimedia, especializada en información social, realizaron el informe “Influencia de las noticias falsas en la opinión pública”, en la primavera de 2018. La conclusión fue contundente: solo en el periodismo de calidad estamos a salvo de las noticias falseadas. El método empleado fue la entrevista on linea casi quinientas personas, cuyas respuestas eran anónimas, pero a las que se había contactado directamente. La encuesta se completó con opiniones nominales de políticos, periodistas, empresarios y expertos en comunicación de reconocido prestigio. “Un 52,3% de los encuestados respondió que considera improbable que en los medios impresos y en las agencias de noticias se generen noticias falsas”.

La razón fundamental reside en que los directores de medios informativos responden por ley ante los tribunales de su responsabilidad editorial. Tienen la obligación de transmitir información veraz y, para estar seguros, hay que contrastarla con varias fuentes. Los gigantes tecnológicos han eludido siempre esta responsabilidad al no considerarse prensa.

Por eso, antes del clic, piénseselo dos veces. Ese simple gesto de enviar o reenviar memes o vídeos puede contribuir a esparcir por sus redes bulos intencionados o noticias falseadas. La democracia y la convivencia están en juego.

Asunción Valdés

Periodista y Premio Hermes 2014

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